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Image Memoria Anterógrada   

Por: Héctor Urrego Caballero.

En estos dos últimos años hemos asistido a la asombrosa demostración de lo que es, desde el punto de vista médico, una “Memoria  Anterógrada”, considerada clínicamente más una afección que una virtud. Consiste en la recordación inmediata y fácil de hechos o episodios muy anteriores en la edad y en el tiempo y la dificultad para recordar los mas recientes

Esa demostración, ha estado a cargo de varios ciclistas como el danés Bjarne Riis, quien confesó haber ganado un  Tour de Francia apoyado en medicamentos prohibidos y luego fue el holandés Steven Rooks el que afirmó  haber hecho lo mismo en el Tour de Francia 88, donde fue sub-campeón tras el español  Perico Delgado y delante del colombiano Fabio Parra quien fue tercero.

Pues bien, el último ataque de “Memoria Anterógrada” - o regresiva en el argot popular - lo acaba de sufrir el doble campeón del Tour (83-84), Laurent Fignón de Francia con la publicación del libro que contiene su biografía, en el cual decidió auto-proclamarse como consumidor de cocaína en su visita a Colombia en 1984 y luego como un traficante de títulos al afirmar que recibió dinero de Lucho Herrera y su equipo Café de Colombia por la camiseta de campeón de la Vuelta a España de 1987, donde el colombiano resultó ser un brillante e indiscutible vencedor.

En cuanto a lo primero, esto es el Clásico RCN al cual fue invitado con todo su equipo (Renault) y dirigido por el entonces mejor DT del mundo, Cyirille Guimard. Fignon y su escuadra fueron rodeados de las mejores medidas de seguridad y les fueron prodigadas todas las atenciones logísticas, deportivas y de infraestructura para que pudiesen competir a su mejor nivel, lo que cumplieron a cabalidad con Greg Lemond (entonces campeón mundial de ruta-83), Charlie Mottet y Marc  Madiot, entre otros. No sobra advertir que también ese año fueron invitados al Clásico, personajes de talla mundial como  Jean Marie Leblanc y Xavier Louy, quienes serían posteriormente directores del Tour de Francia

Lo que Fignon haya hecho o dejado de hacer en las sórdidas noches y episodios fantasiosos que relata durante su estancia en  Colombia, es asunto exclusivamente suyo. Eso sí, resulta  bien difícil imaginarse al  ciclista después de una noche de rumba y  “traba” incluida, corriendo al día siguiente y ganando como lo hizo en el circuito del Parque Nacional  al cierre del Clásico, si partimos de la base de que es precisamente el equilibrio y los reflejos lo que mas se afecta en esta clase de “faenas”. Lo que nos quiere mostrar  el hombre que escribe su autobiografía, es bien diferente de la realidad pues con esto no ha hecho sino desdibujar y dañar la  imagen del gran campeón que se tenia de él, tanto en su país, en Europa o en el mundo.

Y para referirse  a la Vuelta a España del 87, resultan mas bien risibles sus afirmaciones en cuanto a compra o venta de la carrera pues nunca estuvo en posición de ganarla, no era el rival mas directo ni cercano de Herrera, , fracasó en su intento de hacerlo cuando la prueba llegó al velódromo de Avila, donde Lucho sentenció el titulo a favor suyo.

Faltaban entonces tres días para llegar a Madrid y el Jardinerito  y su equipo, Café de Colombia, así como el Manzana Postobón (campeón por equipos de la prueba) se encargaron de "amaestrar" todo el lote y conducir a Herrera hasta el paseo triunfal en La Castellana, para lo cual no era necesario  pedir ni ofrecer nada pues todo estaba consumado desde Avila, con el alemán Dietzen (Teka) a 1:05, Fignon a 3:15, Perico Delgado a 3:52 y Oscar vargas (Postobón) a 4:03, posiciones que demuestran claramente que no existía la necesidad de dar o pedir algo y menos a Fignon, quien no tenía nada que ofrecer pues estaba derrotado y era otro de los perdedores frente al ciclismo colombiano de la época.

Así las cosas, el hombre que hoy lucha contra un cáncer de estómago, el excelente comentarista de la TV francesa, el buen columnista de importantes medios impresos, no ha hecho con su libro sino causarle inicialmente un daño irreparable a su propia imagen, poniéndose ante la opinión mundial como un consumidor de cocaína y sustancias prohibidas, salpicando también a su compañero Lemond y a su técnico Guimard- quienes han rechazado tajantemente las afirmaciones del entonces melenudo Fignon, además de haberse revelado como  un traficante de títulos con lo que consigue poner en duda todas las victorias y las derrotas acumuladas en una brillante hoja de vida al servicio del ciclismo.

Con sus afirmaciones en cuanto a Colombia, no hace sino repetir el estigma a que nos tienen acostumbrados tantos otros que lo han dicho y escrito,  tanto porque ha sido realidad inocultable pero también como producto de  imaginaciones fantasiosas y perversas animadas por  el afán de hacer daño. Finalmente, en lo relacionado con la Vuelta a España  y el  titulo de campeón que legítimamente obtuvieron  Luis Herrera y el ciclismo colombiano, Fignon con su escrito intenta mancharlo pero no logra sino engrandecerlo pues las cifras y el desarrollo del evento están ahí como un  monumento a la verdad y no logra empequeñecerlas un ser humano que fue tal vez un gran campeón pero que hoy no pasa de ser un pobre hombre. Lástima.


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